Los derechos fundamentales de todo ser humano (La sanidad, la educación, la justicia, el derecho a una vivienda digna, a sacar adelante a una familia, a aspirar a una justicia real, accesible y gratuita...), nunca deberían ser objeto de negocio, especulación o privatización. Si un gobierno gestiona mal, cámbiese el gobierno. Pero que no se utilice la rentabilidad como argumento para el saqueo de los bienes públicos. Los derechos no tienen precio, ni son negociables.


viernes, 23 de junio de 2017

¿Ximo, Rafa, Rafa, Ximo?

Buenas noches a todos.

Tengo cantidad de amigas y amigos, o "personas con las que mantengo una relación de amistad", que dirían los modernos de mi Consellería, con los que compartí la cabalgada y remontada de Pedro. Me pareció de justicia, algo épico y quijotesco, con ese amor romántico que nos queda por la defensa del débil.

Pero ahora no puedo compartir la escisión del PSPV, ni que Ximo Puig pase ahora a ser el depositario de los errores. No sé si es que estamos cayendo en un cierto talibanismo, en un revanchismo o en un entusiasmo de inercia por ir cambiando cosas. No se puede criticar ni pedir tolerancia ni democracia cuando nos cebamos sobre los vencidos por el simple hecho de haber opinado distinto que nosotros. Me sabe muy mal no compartir el entusiasmo de los Pepes, las Pepas, las Mariaangeles, los Rafas y tantos otros con los que me une la ilusión socialista desde hace muchos, muchos años. Pero me da mucha pena recordar aquellas interminables asambleas de facultad de los primeros años 70 en las que se discutía, estilo Pablito, quien era más marxista, más troskista, más comunista y más lo que sea. Siempre había un *ismo que se oponía a otro *ismo, un subgrupo que se oponía al otro.

Y ese me ha parecido siempre el cáncer de la izquierda: las familias (faltan los municipios y los sindicatos), las subfamilias, etc. La lucha fratricida mientras los lobos están fuera descojonándose de nuestra candidez. Si gana un Rafa, mañana aparecerá un Mario, una Marisa, un álguien que subdividirá al partido y montará otra ramificación. Y habremos desaprovechado una hermosa ocasión para que la izquierda permanezca cambiando nuestro País Valenciano. Y desde luego, poco podremos ofrecer a aquellos votantes que se nos fueron, y menos a la gente joven, con esta imagen de guerra interna.

Desde siempre, poco se ha respetado en las alianzas a aquel que ha segado el camino de su rey para colocarse en el trono. Aunque pase a ocuparlo, su corona no será la misma, ni su respetabilidad ante los otros. Me parecería un error histórico que a mitad de legislatura el PSPV aparte a Ximo, como me parecerá si los de Compromís se cargan a Mónica, Y será muy triste que vuelvan los Camps y las Ritas, o las Boniges con su encanto y elegancia a saquear nuestra tierra porque estamos jugando a putearnos entre nosotros.

Podéis ver mis argumentos como conservadores, como presas del miedo, antidemocráticos, lo que queráis. Pero ni me juego el cargo ni aspiro a ninguno. Por no rozar, hace mucho ya que dejé la militancia por no querer salir en la foto de las Pajines y los Blancos. Miro desde la barrera y con distancia, que es por lo que a lo mejor lo veo diferente. Simplemente, me gustaría que las energías de la izquierda se emplearan en construir y en crecer en lugar de ponerle la zancadilla al que va delante para pasar a ser los primeros. A todo el mundo se le llena la boca de democracia y regeneración, pero al final todo acaba siendo un "quitaros vosotros para que mandemos nosotros". Y no es esto, no es esto.

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