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sábado, 10 de octubre de 2026

Historias del Camino: Un caminante con un Shakuhachi

Buenas noches. Recopilo y repaso las historias que a lo largo de más de 20 años he ido escribiendo sin duda influenciado por mi adicción por Galicia y mis recorridos por los Caminos de Santiago y de Finisterre. Galicia es mágica, sin duda, y las vivencias en ella nos dejan un recuerdo imborrable.

Camino de Santiago a Finisterre, octubre de 2003. Un joven italiano camina junto a nosotros con una flauta y un perro (¿eso que los pijos llaman ahora "perroflautas"?), intentando sacar algún sonido más o menos armónico de su instrumento. Le condenamos a la soledad durante el camino, pues preferimos oír cualquier otra cosa. El hombre sigue, absorto en su búsqueda.

Komusō (monje de la nada o del vacío), 
monje mendicante de la secta Fuke del budismo zen en Japón.

Llega la noche. Es húmeda y muy fría. En el prado que hay fuera del albergue nuestro amigo sigue soplando en su flauta. Hemos cenado con su "música" e intento sustraerme al deseo general de callarle a pedradas. Me acerco, y me siento un rato junto a él. Entonces veo que su flauta es un Shakuhachi. Le pregunto. No tiene ni idea, se la ha encontrado, y desde entonces está maravillado con su sonido (o lo que puede sacar de ella). No sabe lo que es el Zen, no sabe nada de la cultura japonesa. Pero hace el Camino con su perro y con su flauta, empezamos bien.

Empiezo a contarle cosas: Le hablo del Budo, del budismo Zen. Se engancha. Acabo hablándole de Akira Kurosawa, porque a través de algunas de sus películas puede acercarse al entorno que generó su instrumento exótico. En cuanto pueda, las buscará.

Hablando he conseguido alejarle del albergue. Los otros peregrinos me lo agradecerán, porque es ya la hora de dormir. Llegamos a un prado estupendo, hay una luna preciosa, estamos entre montañas. Huele a hierba húmeda. Y allí el nuevo monje flautista se queda con su flauta, envuelto en su poncho, en esa mezcla de meditación y música que se consigue con un Shakuhashi. Si supiera tocar ya sería estupendo.

Un joven con cresta y poncho, una flauta (un Shakuhachi, distingamos) y un perro. ¡Cuanta sensibilidad!. Y cuanto necio meapilas y bienpensante puebla nuestra encorbatada sociedad, que clasifica y prejuzga a las personas sin sentarse con ellas a ver la luna, oler la hierba e intentar sacar sonido de una flauta que alguien trajo desde Japón para perderla en el Camino de Santiago y que se la encontrara este bendito. Nos hacen falta más tocadores de Shakuhachi y menos tocadores de otras cosas, eso es lo que nos pasa.

Os recomiendo, por ejemplo, la música de Katsuya Yokoyama. Es música para meditar, para relajarnos, para acercarnos a otras culturas con otros valores.

Observad a los músicos de la orquesta:

Yokoyama Katsuya - San'an - One of his last live performances

Y otros vídeos ilustrativos . Otro día hablaremos del koto.

Meditación con Shakuhachi - Flauta Japonesa Zen

Ghost of Tsushima The Suns Warm Embrace Shakuhachi Cover

Yugure - Shakuhachi Meditation Music 尺八 | Adrian Freedman | Calm Peaceful Flute

Espero que os haya gustado esta historia y recordad que tenéis más entradas como esta en :  
y que el mapa general del blog, con muchos otros temas,  está en:

domingo, 3 de marzo de 2019

Faros-España-Galicia-Fisterra

Este es el faro de todos los faros para mucha gente. en especial, para los Caminantes de Santiago entre los cuales me enorgullezco de estar. Llegar al final de Camino a Fisterra es mucho, y seguro que me entendéis aquellos que lo habéis hecho de verdad, sin furgonetas de apoyo ni autobuses de trampa, andando.  Empezamos por la foto de portada:


La descripción de Wikipedia: Faro de Finisterre

El enlace con las Tropecientas imágenes

Y de este enlace el video está muy bien: Faro de Fisterra

Durante muchos años hemos ido periódicamente a Fisterra, a sentarnos a ver el atardecer y a recorrer sus alrededores, preferiblemente en otoño cuando la presión del turismo y los pseudoperegrinos es menor.

A veces hay una multitud esperando el atardecer (suele ser más numerosa que en la foto) (Foto propia)

Habrá miles de vídeos y fotos del atardecer en Fisterra, pero cada tarde es diferente. (Foto propia)


Hay que recorrer los alrededores del faro para disfrutar de la magnificencia del lugar (Foto propia)


A pie, claro (Foto propia)


Más enlaces. Por cierto, los pseudo-peregrinos lo ponen todo perdido de restos. Una pena. Faro de Fisterra.

Sí que se pueden ver delfines por el camino del faro, pero, claro, hay que ir andando...

Faro Fisterra


Y la siempre interesante vista aérea, aunque no sé quien habrá escogido ese fondo musical tan chusco, con la música tan genial que tiene Galicia.

Cabo Finisterra - Cape Finisterre - Fisterra, España - Spain



Este video está muy bien: No dejéis de disfrutar del pueblo.

Fisterra, fin da terra ... fin do camiño


Esto es lo que yo llamo un vídeo "de ambiente". Hemos visto el faro con un calor espantoso y con mucho frío, con tanto viento que casi no podíamos andar, con mucha niebla, por la noche... Y seguro que cuando volvamos, porque vamos a volver, descubriremos algo nuevo.

EL CABO FINISTERRE


Tuvimos el privilegio de dormir y cenar en el Hotel Semáforo de Fisterra ya hace años. No sé cómo estará ahora, pero solamente por estar allí por la noche y ver amanecer allí vale la pena. Y entonces las cenas eras magníficas. Informaros antes porque parece que ha cambiado.

Y por supuesto hay mucha más información, pero por ahora consideramos que ya es bastante. Para terminar por el momento he elegido este vídeo, que resume el espíritu con el que hay que acercarse, fuera de la presión turística.

Temporal en FISTERRA - Costa da Morte GALICIA (06-01-2014)


Y me despido orgulloso con esto, porque para quien llega caminando a Fisterra tras haber hecho el Camino de Santiago desde Roncesvalles, y supera las últimas etapas con las piernas hechas polvo, esto tiene un grandísimo significado. El turismo y las peregrinaciones falsificadas esas de autobús y/o coche de apoyo, junto a la horterización en temporadas altas del entorno del Faro, se pueden superar si llegas fuera de temporada. Esto no se olvida. La sensación de sentarte junto al Océano tras haber acabado el Camino es inolvidable. Os recomiendo la experiencia.


Otros enlaces de este tema:

lunes, 15 de enero de 2018

Faros - España - Galicia - Sálvora y un farero

Buenas noches a todos.

A uno, que se declaró allá por 1970 gallegoadicto y que no pierde ocasión para visitar esa maravillosa tierra, realmente mágica, resulta que se le pasó esta isla: Sálvora (En este enlace la descripción en Wikipedia). Para que nos hagamos una idea rápida, los que no tenemos aún la suerte de conocerla, vamos con los mapas:
Esta es la ubicación
Y este es el detalle.
Evidentemente, con Google Maps podéis ver el nivel que queráis.

En Youtube tenéis varios vídeos más o menos acertados sobre la isla:




...etc. No es cuestión de ser reiterativo. Seguro que encontráis más y mejores.

Ubicada la isla, resulta que en ella hay unos fareros. Y entre ellos está Julio Vilches, y Julio es un amigo de la infancia al que reencontré recientemente cotilleando por Facebook.

A Julio no le veía desde antes de 1970, pero alguien me dijo allá por los 80 que quería ser farero. Y esa idea prendió en mí, que acababa de licenciarme de la mili y estaba, como quien dice, buscando mi destino. Siempre me ha gustado la mar, de hecho me presenté al IMECAR mientras estaba estudiando, pero no me aceptaron porque había que estar en cuarto curso y yo aún iba por tercero. Después, distintas circunstancias familiares aconsejaban no irse tanto, y con las ganas me quedé.

Me pareció entonces que, con la carrera de Física Electrónica acabada y estando trabajando en electro-automatismos, eso de los faros lo iba a tener chupado. Así que me presenté en la delegación de Obras Públicas (Creo que entonces estaba por la Calle Correos) y allí amablemente me dieron todo tipo de información sobre la oposición que estaba abierta. Mi gozo en un pozo: Lo que pedían me venía en gran parte de nuevas, entre otras cosas porque había mucho de práctica mecánica. También me dijeron - literalmente -  que si no acudía en Madrid a la academia que preparaba esas oposiciones no tenía nada que hacer. Y no estaba la cosa como para irme a Madrid, yo necesitaba ganar dinero y no gastarlo. Y ahí quedaron mis sueños de farero.

Pero la imagen del faro como la casa más alejada de la tierra y la más cercana a la mar la he tenido siempre. Y mi deliciosa y constante compañera ha disfrutado - o sufrido, según - mi voluntad de recorrer los faros allá donde íbamos, puesto que nuestros viajes siempre han de acabar en la costa, allí donde se respira libertad y se mira lejos.

Pues resulta que Julio publicó hace poco un libro: Sálvora, diario de un farero, y vino a Valencia a presentarlo. en Pe-r-ucho. Obviamente, iba a ir. Sabía que el libro me iba a gustar, pero yo no iba a por el libro. Iba a ver a un amigo al que hacía cincuenta años que no veía, y que había llevado esa vida  que yo había querido llevar.


Y lo encontré. Igualito. Era el Julio que yo recordaba, pero con la profundidad que dan tantos años, y tantos años mirando al mar. No hubo un momento de duda, no hubo un salto en el tiempo. Él estaba como aturdido de tanto éxito de su libro. Ya sabéis, en las presentaciones todos quieren hablar y estar con el autor. 

Ahora Julio ha vuelto al faro, han tenido que volver porque la automatización no resuelve todos los problemas que se dan en instalaciones de esas características. Soluciones de despacho y de director general triunfal pero ajeno a la realidad. Ya sabemos, política y funcionamiento de las cosas suelen ser antagónicas. Pero ha vuelto al faro para poco tiempo, puesto que pronto se jubilará, y se dedicará a recorrer la tierra con su autocaravana, porque el que ha probado la libertad ya no puede prescindir de ella.

Aquí tenéis un vídeo de la presentación del libro. conoceréis a Julio en su faro.


Un vídeo poético:

Un vídeo sobre la automatización del faro, sueños de burócratas, fin de una era...


Pero hablemos del libro: No es un libro, es una charla con un amigo en la que te va contando cosas. Falta la sala con la chimenea de la que habla, el ruido del mar al fondo. Pero vives esos años con Julio, las peripecias, las visitas, las averías de la maquinaria. Recorres la islas con sus niñas y con su perro, navegas por mares atroces porque tienes que volver a sustituir al compañero que acaba su servicio. No es solamente la historia de un farero, es un libro de vivencias, de aventuras, de  formas de vida desconocidas para quienes hemos pasado los años en una ciudad, en un despacho, delante de un ordenador. Se echan de menos mapas, fotos, planos... pero eso es un mal de muchos de los libros actuales; Los editores te dicen que tienes Internet. Y es verdad, pero faltan. También falta una división en capítulos, porque estos son una especie de descansillo en la escalera de la lectura. Quizás por eso no encuentras momento para dejar de leerlo.

Y no he podido evitar acordarme con emoción de otro amigo de la misma época, también amigo entonces de Julio: Moncho. Él hubiera adorado la vida de farero y hubiera disfrutado, porque era mucho más "manitas" que yo, y se mareaba menos en los barcos. Y le encantaba la libertad. Le hubiera encantado el libro y se hubiera ido corriendo a ver a Julio también, a ver si quedaba sitio para él en la isla. 

Recomiendo el libro, el libro que no es un libro, que es la historia de un amigo. Rápidamente os sentiréis amigos de Julio, de su familia, de sus colegas, de sus perros. Y hasta os caerá bien El Algarrobo, que ya veréis quien es.

Hay que pedirle a Julio que escriba más, que publique más. Necesitamos esa ventana abierta a la libertad que son los faros y la memoria de quienes los llenaron de vida.

Para terminar, una canción que aprendí en 1970, cuando llegué a Sada para aprender a navegar. Allí me enganché de Galicia.


Espero que os haya parecido interesante. A mi tanto el tema como el libro me han parecido una preciosidad.

jueves, 31 de julio de 2014

COSAS QUE NO QUIERO OLVIDAR – SANTIAGO DE COMPOSTELA, 1972

1972, finales de Agosto. Hay una gran niebla en Praterias, que se extiende por todo el entorno de Pensión Fonseca, en la Rua de Fonseca. No es la primera vez, ni será la última. Allí se puede hacer de todo menos dormir. Las calles que rodean La Catedral son un hervidero de vida. Santiago no es aún la capital burocrática de Galicia. Es una ciudad puramente universitaria, y nosotros tenemos 20 años. 20 años y en Santiago.

Somos tres: José Luis Puchades, a quien me encantaría volver a ver. Hemos venido con su R8 desvencijado. Mi amigo del alma: Moncho, y yo. Santiago es nuestro. Nos integramos en los bares, en las calles, formamos parte de La Tuna sin tener ni idea ni siquiera de cantar. El único, Moncho, que toca la guitarra y los bongos. José Luis liga de manera escandalosa, y yo me dedico a lo que luego me dejó enganchado: Aprenderme de memoria las piedras, la historia y la vida de eso tan maravilloso y desconocido que es Santiago de Compostela. Pero el profundo, no eso que después han vendido al turismo.

En Santiago está Mª Jesús, mi compañera de carrera en Valencia, gallega, preciosa y dulce como ella sola. Y su amiga Teresa, que se ha doctorado en historia de La Catedral, y con la que la  recorro (a la catedral) una y otra vez memorizando todas las historias que Teresa me cuenta. Recorremos el Santiago de los santiagueses, por el día y por la noche. Pasan los días, y no los contamos. Pulpo, Riveiro, tuna, gallegas, empanadas, gallegas, Riveiro, pulpo. Y los/las gallegos/as, que entonces estaban resurgiendo con su cultura y se volcaban con quien se interesaba por su lengua. Mucho antes de que los políticos consideraran un filón volver a aquella preciosa cultura, nosotros ya habíamos hecho inmersión en la literatura en gallego: Cuentos, leyendas, antropología; todo lo que pillábamos escrito en gallego nos lo pulíamos, como una continuación de la lucha que llevábamos en Valencia por leer todo lo posible en valenciano. Eran los primeros 70, cuando la mayor parte de nuestros políticos “democráticos” estaban en colegios de curas o apuntándose a las fuerzas nuevas.

Veníamos de un campamento de las juventudes del régimen. Nos habían echado prácticamente a punta de pistola, por rojos. Éramos especialistas de vela, pero también universitarios, y no comulgábamos con la forma de ver las cosas de un jefe de campamento que era un oficial de marina muy conservador, un capellán que era muy del Opus y otros personajes que ya no tragábamos. Y deambulábamos por Galicia, sin un duro, comiendo muchos días solamente cacahuetes (de ahí puede que venga mi afición) y otras muchas veces gorroneando al pobre José Luis, que era el único que trabajaba y al parecer tenía pasta de familia (Y un Renault 8, no lo olvidemos).

Llevo a Galicia en lo más profundo, desde que empecé a ir en el 70: Sus rías, sus montes, sus playas, sus rúas, sus gentes. Aquellas gentes que entonces conocí y que he podido volver a encontrar cuando he vuelto fuera de la temporada turística, cuando me he metido por sus caminos rurales, cuando he pateado sus aldeas. Y aún recuerdo aquellos días de Agosto, con mucha niebla y lluvia fina, en la pensión Fonseca, cuando podíamos hacer de todo menos dormir, y cuando las calles estaban llenas de vida y ansias de libertad y llamaban intensamente a nuestros 20 años.

Santiago siempre será para mí todo aquello, y cuando he podido recorrer sólo, de madrugada, las rúas de su casco viejo, he creído encontrar a mis amigos esperándome apoyados en aquel R8, hartos ya de que las piedras me engancharan tanto y listos para marcharnos a buscar otro poco de libertad.


Para Mª Jesús, que sé que lee este Blog desde no sé donde, y para José Luis, a ver si consigo volver a verle, y para Moncho, que va a hacer seis años que nos dejó, pero no se ha ido, y nos estará esperando junto a La Catedral, seguro.

El adiós de la tuna

domingo, 25 de noviembre de 2012

Camino de Santiago: La Humildad del Peregrino

Hay noticias que nos hacen rápidamente aflorar recuerdos y situaciones. A todos os habrá pasado. En el caso de esta:: "Cañizares vuelve a dar la espalda", me despierta la necesidad de contaros una cosa, cada cual que juzgue según su posición al respecto.

Principios de Octubre de 2003, 4 ó 5, no recuerdo exactamente. Domingo frío y lluvioso en Santiago de Compostela.. La Catedral está a rebosar de peregrinos. son las diez de la mañana, y todos vamos puntuales al gran encuentro. Aunque uno no sea católico practicante, es peregrino acérrimo, y este último gran acto siempre emociona.

Peregrinos y mochilas nos amontonamos, esperando que empiece la misa. Estoy junto a la Puerta de la Azabachería. Los bancos cercanos al altar están copados por las peregrinaciones que vienen del extranjero, en autobuses. Son muchos: Polacos, italianos, alemanes... Los peregrinos "de a pie" (nunca mejor dicho) estamos donde podemos: Sentados en las escaleras, apoyados en las columnas, sentados sobre las mochilas (entonces aún se podían entrar). El ambiente es especial, como habréis comprobado si habéis tenido la suerte de hacer El Camino y vivir estos momentos.

Pero algo se estropea: Se abren bruscamente las puertas y entran unos agentes de seguridad privada apartando a los peregrinos de muy malas formas.  Se mosquea mucho la gente, y los seguratas se ponen muy, muy chulos. "Hay que hacer un pasillo para el Señor Arzobispo", pretenden justificar. "Despejen, despejen" (Eso me trae muy malos recuerdos, pues uno en los 70 estaba en una universidad muy engrisecida, y cambian los tiempos y las circunstancias (a veces no mucho) pero las formas convergen en determinados casos).

Vuelan las mochilas, empujan a la gente, amenazan. Somos peregrinos, no delincuentes. Me recuerda las películas sobre la Edad Media: La Guardia del Cardenal apartando a la chusma.


Dicho y hecho. Al final consiguen un pasillo tan ancho como cuando entraba Franco bajo el Palio. (Mi primera visita a Santiago fue en los 70, y coincidimos con tal visitante y señora, aunque no creo que llegaran a enterarse). Hasta que no está el pasillo hecho, no a parece el Arzobispo, con un séquito bastante nutrido. Vestido como un príncipe medieval (Lo fueron y se deben creer que siguen siéndolo) y cubierto de dorados, avanza con pinta poco afable, casi sin mirar a un pueblo teóricamente sumiso, pero que en estos momentos no está muy contento con él y con sus chicos. De hecho, hay quien le abuchea, y oigo comentarios por lo bajini nada positivos hacia la jerarquía católica.

Total, que llega el personaje todo pintiparado hasta el altar, sin haber tenido que rozarse, gracias al pasillo que tan "delicadamente" le han hecho sus guardaespaldas, con la plebe que ocupa la catedral. Y va y cuando le toca la homilía nos intenta aleccionar sobre "¡La humildad del peregrino!". ¡Toma ya! El alboroto fue general, oyendo a aquel personaje, envuelto en oropeles y después del numerito de la llegada, hablándonos de la humildad, a gente que llega a Santiago empapada, con los pies deshechos y una emoción y alegría tremenda, después de cómo ha aparecido. ¡Qué hipócrita! ¡Qué morro!

Felicita a los peregrinos que han pagado, a los que han venido en autobús. (El Botafumeiro se mueve si alguien lo paga, fuera de determinadas fechas, no os creáis) y, de pasada, a los demás. Y dichas todas estas cosas, se vuelve estirado, entre su séquito, por el pasillo que le han mantenido abierto sus guardias. Solamente cuando se va el Señor Arzobispo podemos acercarnos los parias a la puerta. Punto para la Iglesia Católica y sus consejeros de administración.

Como os he dicho, desde 1970 he intentado volver a Santiago todas las veces que he podido, unas haciendo parte del Camino, otras como peregrino motorizado, o en tren, o en avión.... Muchas veces me he ido adrede desde Valencia avanzado el otoño para poder estar sólo en la catedral, por la tarde de un día laborable, y para poder sentarme en las columnatas del Palacio de Rajoy por las noches, pasadas las 12, cuando se va la gente y apagan las luces, y ver la Fachada del Obradoiro a la luz de la luna, y vivir la energía que se desprende de ese lugar que han pisado tantas generaciones.

Dicho esto, el espíritu crítico no falta. Y no he visto más evidencia del negocio que tiene montado la iglesia católica con estas cosas que en el propio Vaticano En estos años, hemos visto como Santiago de Compostela se convertía en un parque temático, y el peregrinaje en una forma masiva de veraneo para muchos, y de negocio para otros. Aún así, cada calle del Santiago medieval, cada rincón, cada piedra, merece una visita tranquila, fuera de las épocas de afluencia masiva.

No os perdáis un extraordinario trabajo llamado "Curiosidades históricas - Historia de Galicia", de David Mato López. Comprenderéis Galicia mucho mejor, y muchas cosas más. ¡Gracias, Daniel, eres un pozo de sabiduría y transmites un gran amor por Galicia!

viernes, 26 de septiembre de 2008

Un paseo por Fisterra (Finisterre, Galicia)

Hoy nos vamos por la costa desde el Cabo Fisterra hasta la Praya do mar de Fora. 

Praya do Mar de Fora (Fisterre) Foto propia.

Os pongo la ubicación porque este blog tiene lectores de todo el mundo, y habrá quien no la conozca.

Estamos en el extremo noroeste de España (Foto Maps de Google)


Este es el Cabo de Finisterre, el Norte queda a la izquierda, a
 la derecha, América. (Foto Maps de Google)

Aquí podéis ver la playa en un precioso vídeo.


Es un lugar francamente recomendable. Muy poca gente en la playa, algún nudista, el agua helada. Intento darme un baño pero la resaca es terrible, y la sensación de peligro muy grande. Así que, cuando aún teniendo solamente los tobillos en el agua ya me arrastraba hacia dentro con mi módico peso, decido paliar mi heroísmo con una plácida siesta al sol, obedeciendo una vez más a mi amadísima y sensata compañera.

Volvemos por el pueblo, y damos con un hotel rural (cuyo nombre prefiero omitir) acabadísimo de construir. Acostumbrados a la más que amable hospitalidad de las casas rurales gallegas, entramos para ver si nos enseñan el hotel, cosa que siempre ha resultado en un gentil recibimiento, pues perfil de futuros clientes sí que tenemos, y entendíamos que un hotel como ese, en plena apertura, estaría ansioso de mostrarse al público. Gran confusión, puesto que quien al parecer era el dueño debía estar desganado, o no haber leído aún las instrucciones de que para tal negocio hay que ser amable. El caso es que salimos convencidos de que, sí, el hotel era nuevo y bonito. Pero puestos a pagar, pagaríamos por algún lugar más profesional donde nos trataran mejor.

El regreso hasta el faro es un precioso paseo. Aún siendo finales de Septiembre, son muchos los peregrinos con los que nos cruzamos. Y, para nuestra sorpresa, ya al llegar había gente cogiendo sitio para ver el atardecer. Y eran las 18:00!

El atardecer en Fisterra es toda una fiesta. Falta sitio en las rocas. Incluso hay una secta que, con su gurú y todo, se pone a hacer yoga-chi kung o lo que sea, y al final acaba dando abrazos y besos a todo el mundo. Son muchos, y según dicen ellos mismos "están embriagados". Curioso esto de las sectas. Después los veríamos en la Plaza del Obradoiro también en plan cósmico. Cantan, abrazan a todo el mundo y parecen felices, como los de la mayoría de sectas en público. Imaginamos que felizmente aportarán bonitos fondos al mantenimiento del gurú y acólitos, como en todas las sectas, las oficiales dominantes y las otras.

Para ver atardecer en el Cabo de finisterre (Foto propia)

El resto de asistentes al ocaso es una multitud de peregrinos y similares, además de un montón de jóvenes que van a hacer el botellón, cosa que parece muy peligrosa cuando cae la oscuridad, y más cerca de los precipicios del Cabo Finisterre. Por otra parte, dentro de la Mcdonalización del Camino de Santiago que años acá están llevando a cabo las instituciones, y los mismos beneficiarios de los lugares por donde pasa, se ha extendido la costumbre de que quien llega deje allí las botas, con lo cual se está convirtiendo aquello en un vertedero de botas, zapatillas de deporte y otros aditamentos que los "turisgrinos" abandonan en esa confusión entre ritos ancestrales y estupideces cósmicas con los que la superficialidad amenaza al Camino, cabalgando entre autobuses, coches de apoyo y furgonetas con italianos con traje de peregrino de marca, sin una arruga, y supuestas peregrinas perfectamente maqueadas, que se confunden sin vergüenza alguna con los auténticos peregrinos, cada vez más marginados. Galicia, o en su momento la xunta de Fraga y sucesores, han convertido el Camino de Santiago en un parque temático, a lo que ha contribuido no poco la Iglesia Católica, en su sector más "mercader del Templo". Lamentable.

El Ocaso, desde el Cabo de Finisterre. foto propia.

Un video (seleccionado, hay demasiados peores)

Con esta foto y este video os dejamos, recomendando sin duda un viaje a este lugar. Consejos: No vayáis en temporada alta (Julio, Agosto, Pascuas...) porque hay demasiada gente, parece aquello una feria. Tomaos más de un día, hay buenos lugares para hospedarse y la gastronomía es excelente. Y no dejéis de recorrer los alrededores, sobre todo subir a As Pedras Santas y al Miradoiro. El camino por aquí hasta la playa es precioso.

(Foto de Google Maps)

Pueden interesaros otras de las entradas de este blog. En los casos en que hay bastantes de un mismo tema las agrupo en submapas, como podéis ver en el 

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Espero que os sea útil esta información y que podáis disfrutar de muchos viajes, mucho sol y mucho aire puro. ¡Hasta la próxima y gracias por vuestra compañía!