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jueves, 25 de marzo de 2021

Sanidad: Anular no es aplazar

 A quien corresponda en Sanidad.

Cualquier ciudadano sabe la diferencia entre anular una cita o aplazarla, y un trabajador de Sanidad debe, sin duda, conocerla. Por lo tanto, la asignación de este atributo a una de ellas debe ser cuidadosa, y me explico con un ejemplo:

(Esta imagen es un ejemplo, no implica que la aplicación utilizada esté igual)

Hace casi un año tenía programada una cita con el servicio de Traumatología del Hospital Clínico, en Valencia. Recibí días antes una llamada diciéndome que por la pandemia tal cita era aplazada, que me llamarían, que ni me acercara al hospital tal y cómo estaban las cosas.

Lo vi totalmente razonable, y durante este año he estado esperando tal llamada, tal carta. (Ni me llama, ni me escribe, como el chiste del gorila). Cuando ya mi movilidad está más que comprometida a pesar de medicinas y bastones, decidí empezar a llamar al servicio de atención al paciente. (SAIP) del mismo hospital. Nada, comunicando todo el rato.

Solución poco recomendada: ir al hospital, ahora que ya han abierto la posibilidad de visitas presenciales. Atención muy amable por parte de la enfermera de la puerta y respuesta: "El servicio de Atención al Paciente funciona de 9 a 11, y no llames porque no lo cogen.". Curioso servicio de atención al paciente que funciona en tan corta ventana de tiempo, y mucho más curioso que no puedas acceder por teléfono, debe ser cosa de Sanidad últimamente.

Voy en hora, cola en la puerta. Al final lo consigo y la persona que me atiende, muy amable, alucina. "¿Casi un año y no te han llamado?¡Pobre, cómo estás!". Mira el ordenador y alucina aún más "¡Pero cómo te van a llamar, si tu cita está anulada!¡Ves a cita previa y que te den cita!"

Pasillo adelante del Clínico llego a cita previa, más cola, pero también me puedo sentar. Otra persona detrás de la ventanilla me dice cosas que no puedo oír, porque alrededor hay un gallinero de gente chillando. No entiendo por qué la gente tiene que hablar a gritos, personal incluido, y menos dentro de un hospital. Total, que de mala gana me extiende un papel: Ya tengo cita, justo al año.

Mi caso está resuelto (espero), pero como trabajador de sanidad jubilado me preocupa mucho el tema. ¿Cuántas citas se habrán anulado en lugar de aplazado? ¿Cuántos pacientes estarán esperando que les llamen cuando su cita, al haber sido anulada, ya no aparece en los ficheros? Para la contabilidad formal del departamento de salud (no creo que sea intencional), estupendo, hay muchas menos citas pendientes. Pero para la persona que está esperando, un martirio, pues puede haber casos mucho más graves que el mío en los que la demora sea vital, oncología por ejemplo.  

No creo que yo haya sido un caso especial, sino que se debe a una operatoria errónea. Se han anulado las citas en lugar de aplazarlas, lo cual quiere decir que esas citas no figuran como pendientes, sino que ya no figuran, y esto es grave. No conozco la aplicación concreta, pero está claro que en Atención al Paciente saben cuando una cita está anulada.

Cualquier paciente que llega a una cita en consultas externas es, normalmente, porque su especialista del centro correspondiente le ha remitido para ya recibir tratamiento hospitalario. Esto es fruto de un proceso de sucesivas visitas, pruebas, etc. El especialista del centro cree que el paciente está en manos del hospital, el paciente también, pero su registro de cita ya no existe, mire usted, su cita ha sido anulada. El paciente está en un limbo en el que no consta para nadie que está esperando.

Cualquier informático de Sanidad ha visto situaciones como estas, y peores. Veces en las que la persona que opera la aplicación informática toma decisiones erróneas bien por prisa, pereza, desidia, desconocimiento o cualquier otra posible causa de error cuando se está frente a una pantalla. Os he puesto en la imagen un ejemplo genérico de un menú de este tipo, en el que lo más fácil y rápido es escoger la opción "Anular", con lo cual se ha sentenciado ya la cita. Esto, claro, puede pasar en cualquier departamento de salud.

Hay que decir que no es extraño esto, porque una cosa es la informática de trincheras, en las que con orgullo he militado durante muchos años, que se hace y se vive junto al trabajador en primera línea, y otra cosa es la informática de despacho en la que se encarga a una empresa externa una aplicación que al final está hecha por chavales bienintencionados que trabajan mucho, cobran poco y saben muy poco del entorno al que va dirigida la aplicación. Resulta así una herramienta susceptible de fallos de este tipo, pues aunque parezca mentira la posición en la que pones las opciones es muy importante a la hora del trabajo a destajo frente al público. Explicar estas evidencias nos ha costado mucho a la vieja guardia informática de Sanidad.

Como podéis ver hay muchas causas para el posible fallo, pero el fallo existe, y es preocupante, porque puede alcanzar, como ya he dicho, a personas cuya salud, calidad e incluso continuidad de vida depende de tales citas, y no sepan que tienen que ir a reclamarlas, o no puedan. ¿Cuántas citas se han anulado con la pandemia?¿Cuantas se han quedado como pendientes? ¿Cómo funciona la aplicación? ¿Se ha instruido convenientemente a las personas que la manejan? Me temo que la instrucción fuera "Hay que anular todas las citas, ya les llamaremos" y quien tuvo que hacerlo ante pantalla escogió tal opción, cuando lo que procedía era aplazarlas. El lenguaje puede matar.

Lo cual explico y cuento a quien corresponda, para que se ponga en valor la precisión y corrección de estos procesos, y se solucione la parte posible. Y a todos vosotros, pacientes reales o potenciales, para que cuando veáis que alguien se queja "No me llaman desde Sanidad" puede ser porque en vez de haberles aplazado la cita simplemente se la han anulado. Hay diferencia.

Ángel Ocón Giménez, informático de Sanidad desde 1984 a 2016.

sábado, 10 de agosto de 2019

La Informática que conocí - 1988 - Pcs en vez de máquinas de escribir.

En 1988 estaba como contratado laboral temporal en el Insalud. Muy a gusto, pero plaza en precario. Entonces se estaba gestando la asunción de transferencias por parte de la Consellería de Sanidad y Consumo (así se llamaba) que dirigía D. Joaquín Colomer, de quien todos los que tuvimos la suerte de trabajar con él guardamos un excelente recuerdo.


En aquella Consellería que nacía con ilusión tenía un papel destacado la Dirección General de Salud, que llevaba Emilia Noguera. Extraordinariamente inteligente y muy bien informada, Emilia tenía muy claro que desde el primer momento la Informática debía jugar un papel fundamental en su Dirección General y en la Conselleria.

Pero entonces no existía la Informática en la conselleria (El Centro Regional de Informática y las Direcciones Territoriales seguían dependiendo del Insalud), puesto que aún no se había creado el Servicio Valenciano de Salud (Que luego harían Agencia Valenciana de Salud), así que la Dirección General tenía que buscarse la vida, tanto en equipos como en técnicos. Se pusieron en contacto conmigo y rápidamente me contagié de su ilusión y del proyecto, realmente progresista en aquella planificación.

Cuando me llevaron a ver lo que iban a ser los locales de la Consellería, en el edificio de La Cigüeña, en La Alameda de Valencia (Sí, el del fantasma, ya os contaré) me encontré allí un miniordenador cuya marca no recuerdo pero sí que trabajaba en Oasis, según me contó el que al parecer había sido el técnico que lo llevaba y que estaba marchándose. No volví a ver más a aquella persona ni aquel equipo.


También me enteré de que IBM estaba presionando a la Secretaría General para introducir sus equipos y sus técnicos. IBM entonces no vendía, imponía en base a sus relaciones políticas y al peso de su factoría en Valencia. Y querían poner (y pusieron más adelante) un IBM sistema 36.


Me aseguraron que aquello no interfería con los proyectos de la Dirección General, pues no es que existieran relaciones entre la Secretaría General y tal Dirección General. Total, que me hicieron una plaza de Físico, oigan. "Técnico Superior de Información Sanitaria". Interino, claro. Aquello estaba empezando y no había organigrama ni nada, lo estábamos inventando todo y ya vendrían las oposiciones y todo eso, mientras tanto había que poner en marcha la cosa. De tal forma que no teníamos presupuesto para informática, no había presupuesto ni para ordenadores ni para informáticos, de ahí que mi plaza apareciera con ese título. Y es que además chocábamos con la Intervención, que permitía pocas variaciones de las inercias burocráticas.


¿Qué hacer? Pues había una jugosa partida para comprar máquinas de escribir eléctricas, que eran carísimas, estaban entonces por unas 300.000 pesetas cada una. Vimos el hueco, y se convocó un concurso cuyas especificaciones, para empezar, decían "Máquinas de procesamiento de texto". Obviamente, en ninguna parte ponía nada de ordenadores y nos costó lo suyo que en Intervención ampliaran el espectro y aceptaran pulpo. Pero pasó, y se hizo un concurso con todas las de la ley al que acudieron varias empresas con sus compatibles PC, pues todas querían entrar en el mercado. Obviamente, IBM no, por supuesto. Ellos trabajaban muy por arriba y además se mosquearon mucho porque no les comprábamos sus máquinas de escribir.

Total, que por mucho menor precio unitario, con lo cual conseguimos más unidades, nos hicimos con flamantes PCs de Philips con impresora matricial de 80 columnas y monitor en naranja. Llevaban un disco de 10Mb y una disquetera de 5,25 (No recuerdo si ya aceptaba HD, creo que aún no).


Como mejora de oferta Philips nos incluyó el Open Access, que era un invento genial con base de datos relacional, procesador de textos, gráficos, etc. (predecesor claro del Office) al cual en la Dirección General acabamos sacando una extraordinaria rentabilidad. Ya os contaré esto.

Y así os he contado como la Consellería de Sanidad se hizo con sus primeros PCs, comprados como máquinas de escribir. Luego ya la Secretaría General incorporó tres informáticos con el IBM, que con el tiempo y a pesar de las discusiones de los jefes se convirtieron en entrañables compañeros, se creó el Servicio Valenciano de Salud y se asumió el Centro Regional de Informática. Pero todo eso es una historia mucho más larga que sin duda os contarán mejor quienes lo vivieron más de cerca.

Espero que os haya gustado y hasta la próxima.

sábado, 26 de enero de 2019

La pulsera de salud: Pulsana

Esto es un cuento de ficción, cualquier parecido con la realidad, presente o futura, es mera coincidencia. En ningún caso se promueve o ataca marca ninguna.

Capítulo 1 - Una pulsera mágica


Un principio sencillo


Se vendieron millones de pulseras, su precio las hizo accesibles a casi todo el mundo. En un principio sus funciones eran muy básicas: Te daban la hora (adiós, relojes), te decían cuantos pasos habías hecho, cuanta distancia habías andado, tu pulso. Y mediante la conexión con el teléfono móvil tenías un control completo de estos datos. Además, otras personas podían tener acceso a ellos (autorizándolas tú, claro) y así montabas redes que se incentivaban mutuamente. Todo un éxito.

Se consiguió que la gente llevara puesta la pulsera durante todo el día, para ver cómo dormías, cuales eran tus picos de actividad, etc. No se sabía que todos estos datos, a través del teléfono, eran almacenados en una gran base de datos que luego se iba a ofrecer a los seguros médicos, a los empleadores, etc, "convenientemente anonimizadas y solamente con fines de investigación", claro.

Aplicación reloj de pulsera inteligente para la salud — Archivo Imágenes Vectoriales


Completando funciones

El siguiente paso fue desarrollar un conjunto de funciones que calculaban tus índices de colesterol, triglicéridos, etc. No hizo falta cambiar la pulsera, el hardware que nos habían vendido era suficiente. Nadie se explicaba cómo conseguía este aparato acceder a esa información de nuestro cuerpo, pero se acogió muy favorablemente: Ahorraba millones de análisis, no era necesario pinchar a nadie, el programa, convenientemente actualizado a través del móvil también, se cuidaba mucho de darte las alertas adecuadas cuando tus índices sobrepasaban los límites adecuados. Todo un avance.

Nacen PULSANA y su PUC

En el mejor momento de éxito de la pulsera el fabricante decidió ponerle un nombre, ya que formaba parte de la vida de las personas como su mejor amiga. Se llamaría PULSANA, nombre muy acertado pues enlazaba con los que otras grandes multinacionales habían puesto para sus asistentes digitales. Así, "Pulsana acompaña tu vida y cuida de tu salud" era el mensaje por el cual los papás regalaban en cuanto podían una pulserita a sus hijos.

Se anunció que cada pulsera tenía un PUC (Pulsana unique code), de forma que mediante este se podía identificar al portador. Faltaba el milagro: Identificar unívocamente al portador con la pulsera, que nadie se la pudiera cambiar.

Apareció una nueva función mágica: Una vez puesta la pulsera, y con la aprobación expresa del usuario dada a través de la aplicación del móvil, la pulsera establecía un algoritmo con los parámetros que conseguía del organismo del portador que hacía que solamente pudiera funcionar en la muñeca de este, y en ninguna otra. De hecho, cuando la pulsera se quitaba de su "dueño" dejaba de funcionar. De esta forma, cada persona portadora podía ser identificada con ese PUC.

Esto revolucionó muchas cosas. Astutamente, el PUC tenía el mismo número de caracteres que la mayoría de carnets, y sus posibles combinaciones alfanuméricas daban para muchos usuarios. ¿A que llevó esto? A que gradualmente las bases de datos sanitarias, bancarias, etc, aceptaran el Pulsana Unique Code como identificador del usuario. Y no hacía falta autoridad aseguradora, porque ya la empresa había conseguido que las autoridades internacionales certificaran que la asociación PUC-persona portadora era única e inequívoca. Unívoca, para ser exactos.

"Pulsana te pide hora en el médico cuando lo necesitas" - La aplicación conectaba con tu sistema de salud (público o privado) y negociaba tu reconocimiento enviando previamente (tú habías autorizado al asociarte la pulsera) los parámetros de tus análisis, que ella había tomado. Incluso los informes de sueño.

Aparece MAMÁ

"Pulsana te paga los gastos" - No exactamente, claro. Mediante la pulsera se adaptaron los mecanismos de pago e incluso de obtención de efectivo. Era como si pagaras tú con tarjeta, solamente arrimando la muñeca, o incluso ni eso si estabas suficientemente cerca. La señal estaba encriptada con potentes algoritmos que garantizaba que solamente un tratamiento muy sofisticado de la misma pudiera piratearla. Y es que estaba encriptada con tu organismo. Para desencriptarla en el destino se había desarrollado un megagigaterasuperconputador que simulaba tu organismo y, actuando de intermediario, permitía el proceso en la base de datos destino.

A este megagigaterasuperconputador, cuya ubicación, composición y demás datos se guardaban en el máximo secreto, pero que interaccionaba con cualquier red a velocidad instantánea, se le pensó llamar DIOS, pero se temió que esto fuera mal acogido por los radicales. Se le pensó llamar entonces  PAPÁ, pero se temió que se acusara al nombre de patriarcalismo machista, así que se le llamó MAMÁ que era mejor acogido por los portadores y las portadoras. Además, se confirmó que aquellos mensajes que comienzan con la palabra "Mamá" bajan la guardia subconsciente del receptor y penetran mejor, influyendo de forma más potente en sus procesos mentales.

Mamá está preocupada

Pero esa simulación de tu organismo tenía otra utilidad, que era extrapolar y simular con tus datos las posibles evoluciones de tu vida, de forma que se supone que solamente a ti te podían enviar alertas de la forma "En tres meses generarás una diabetes" "Tu hígado se está recuperando", etc. En el caso en que persistiera la situación, los mensajes cambiaban a "Mamá está preocupada", "Mamá va a llamar al médico", etc.

También tú podías haber autorizado a tus próximos para que tuvieran acceso a esos datos, de forma que ellos también sabían cual podía, muy probablemente, ser tu evolución. En ese caso los mensajes se transformaban en "Mamá está preocupada por la tensión de X". Y tu familiar era así cordialmente invitado a corresponsabilizarse de tu salud. Lo que no se sabía es que mediante un módico precio, que variaba con la cantidad y calidad de los datos obtenidos, esta información se transmitía también a otras entidades. Por ejemplo, a tu empresa "Su empleado XX presenta altos índices de alcohol en sangre en horas de trabajo". Desde luego, las agencias de seguridad podían, en cualquier momento, saber tu situación de salud

El microchip

Se pensó en un principio que la incipiente posibilidad de insertarse microchips con un código identificador emitido mediante señales de radio iba a ser rival para la pulsera. Mentira: El microchip no tenía pantalla. La pulsera, además de decirte la hora, cada vez iba consiguiendo un interfaz más humano. Rápidamente los microchips dejaron de ser una opción interesante.

Una pulsera que no es pulsera

Existía la posibilidad de que la gente se quitara la pulsera. No era necesario, porque Pulsana ya aguantaba la inmersión hasta los -500 mts, donde era muy difícil que la mayoría de usuarios llegaran. Podías hacer cualquier actividad con ella. Pero aún así se desarrolló un tejido absolutamente compatible con la piel humana, capaz de crecer con la muñeca, libre de toda generación de alergias. Se podía elegir en cualquier color, aunque por defecto era transparente. Más adelante se consiguió, mediante la aplicación en el teléfono, que pudiera cambiar de color a elección. O incluso asociarla su escala cromática a alguno de los parámetros de forma que, por ejemplo, se fuera poniendo roja cuando te subía el pulso.

Una aplicación de esto fue la utilización del ciclo menstrual de las mujeres para generar avisos. Los días "rojos" y "verdes" de aquellas que, por convicciones religiosas, no usaban contraconceptivos estaban fiablemente controlados. También, claro, en los casos de embarazo la pulsera te avisaba discretamente.

PULSITA para los niños

Obviamente, interesaba poner PULSANA  a los bebés desde el momento de su nacimiento. A la posibilidad de que la pulserita fuera creciendo con él (al principio había que cambiarla en función del crecimiento, pero con el tiempo se consiguió que la "correa orgánica" le acompañara, sin quitársela, hasta la adultez) se le añadieron múltiples funciones ideales para los padres. Por ejemplo:

Tu hijo respira
Puesto que la obsesión de la mayoría de los padres de que su hijo podía dejar de respirar en cualquier momento, se podía sincronizar la pulsera con el pulso del niño. Así, esta generaba su pulsación en la muñeca del progenitor.

Tu hijo tiene fiebre
Ya no eran necesarios los termómetros. Un mensaje al padre: "El niño tiene 37,5ºC", acompañado de un mensaje de Mamá: "Mamá dice que le des Paracetamol jarabe 3ml una vez cada 8 horas. Mamá te avisa". Se acabaron las llamadas al pediatra, las noches en vela. Mamá te despertaba si hiciera falta.

¿Dónde está tu hijo?
Otra de las funciones muy atractivas para los padres era el control continuo de la ubicación del niño. Bien dentro de un plano de la habitación que PULSITA era capaz de hacer o en un mapa de cualquier zona podías delimitar límites, en función de la edad del niño, para que la pulsera te avisara si salía. Obviamente, te indicaba si estaba acostado, de pie, tumbado, andando. Al crecer podías saber si estaba realizando alguna otra actividad que acelerara su pulso, e incluso que incrementara sus hormonas. El control de la ingesta de cualquier bebida, droga, etc, era tan rápido como su disolución en sangre. Mamá te decía: "Tu hijo está bebiendo cerveza acompañado de otros tres PUCs correspondientes a dos varones y una hembra". Y es que en el próximo capítulo veremos:

Las funciónes sociales de PULSITA/PULSANA

jueves, 15 de noviembre de 2018

Etiquetas de colores en la alimentación ¿Los colores de Troya?

Imaginaos un mundo en el que las multinacionales alimentarias tienen un problema: El consumidor se va formando e informando. Quiere comer bien, quiere salud. Se va creyendo eso de que el alimento tiene que ser nuestra medicina.

Las leyes obligan a etiquetar los productos, y cada vez más personas leen las etiquetas: analizan el azúcar, las grasas... Por lo tanto, se van reduciendo las ventas de determinados productos, que para ser los más rentables pueden ser los que tienen más componentes digamos... "negativos"

Hay que seguir en la línea de la salud. No se puede ya vender contra corriente. Así que utilizamos los conocimientos de cómo reacciona el cerebro a los distintos estímulos, algo perfectamente estudiado dentro del marketing. Si conseguimos cambiar el proceso de lectura-información-decisión, más cerebral, por un proceso automático en el cual el cliente asocie "verde-bueno-me lo llevo" podremos evitar muchos de los problemas mencionados arriba. Pero, claro, habrá que controlar quien y como pone los colores, y a qué.



Imagen de Sin Azucar.org
Pensemos en los miles de millones que puede mover, en favor o en contra de un producto, la asignación de un color u otro. ¿Va a haber presiones sobre las organizaciones encargadas de etiquetar? ¿No se presionan los tribunales?  ¿Son enteramente independientes y puras estas organizaciones?

Nos dirán que son los algoritmos, nos sacarán informes justificativos. Corregirán si hace falta algún producto para meternos el gol por otra banda. Pero el hecho es que habrán sustituido el proceso de información crítica por un automatismo que llegará a ser inconsciente. Y si las empresas pagan por  estar en un estante más o menos a la vista... ¿No pagarían por tener mejor etiqueta? ¿Va a ser la "justicia etiquetadora" igual para las pequeñas empresas que para las grandes multinacionales? La risa me empaña las gafas.

En resumen: Un paso más para la robotización de nuestras conductas, para anular nuestro espíritu crítico auxiliándose de las técnicas más refinadas de condicionamiento de la decisión.  Posiblemente nos enfrentemos a insistentes campañas y anuncios dándonos la vara con las dichosas etiquetas. Un paso más hacia el control total del consumidor

Habrá que rebelarse y seguir pensando por nuestra cuenta.

Más información:

"Así, la fibra, los micronutrientes y otras sustancias antioxidantes se evalúan bajo el prisma de las evidencias científicas actuales para disponer un valor del etiquetado u otro. ¿Y quién se encargará de hacer dicha evaluación? Aquí es donde se encuentra el origen de un debate un poco turbio: las empresas."¿Qué es Nutriscore?

“No me parece mal que haya colaboraciones con la industria, y se financien a través de ella, pero si van a hacer un posicionamiento de este calado lo mínimo que se espera es que declaren el conflicto de interés, directo e indirecto. Algunos de estos colegios obtienen financiación de la industria en sus jornadas, y estos conflictos deben ser declarados, y tres de los presidentes de estos colegios están en una Junta Directiva de una sociedad financiada por un supermercado español al que le interesa este etiquetado. Esa es la realidad y es una vergüenza”.El nuevo etiquetado europeo desata una guerra a tumba abierta entre los nutricionistas españoles

Y este suculento artículo de La Vanguardia.
¿La Coca-Cola Zero es más sana que el aceite de oliva? Errores del nuevo NutriScore

etc.

domingo, 21 de agosto de 2016

Nutrición: Recomendada la guía de la Uned

Hola a todos.

Intento leer todo lo posible sobre nutrición, para intentar comprender cómo funciona esa maravilla que es nuestro cuerpo, y porque siempre queda algo que uno puede aplicar para cuidarse mejor. Y de las que llevo hasta ahora me ha encantado la información y  la organización de esta. Habrá otras similares o mejores, no cabe duda. Pero la búsqueda es infinita y hay que hacer hitos en el camino. Además, hay que garantizar la solvencia de las fuentes, y en esta no creo que haya duda.































Os dejo el enlace:

http://www2.uned.es/pea-nutricion-y-dietetica-I/guia/guia_nutricion/



lunes, 6 de julio de 2015

HAY OTRA INFORMÁTICA

Vivimos en un país en el que durante demasiados años ha predominado el “Cojoproyectismo”. Es decir: Proyectos grandes, de mucho dinero, que se pudieran sacar en la tele e inaugurar, y que dieran a sus promotores mucho dinero, o glorias, o votos.

Esto ha afectado también, cómo no, a la informática. Han sido los macroproyectos (Cojoproyectos en el argot interno, que viene de cuando aquellos políticos triunfantes se decían: “Vamos a hacer un proyecto acojonante”, y nos dejaba acongojados a todos aquellos sobre los que iba a recaer el marrón, que no las fiestas ni las medallas, ni mucho menos el dinero).

No vamos a decir que algunos de esos cojoproyectos no fueran necesarios, ni mucho menos que todos los que en ellos participaban fueran unos cantamañanas y unos “subealcarros”. Ha habido gente muy buena que se ha dejado la piel en cosas muy interesantes, de cuyo resultado muchos se están beneficiando ahora. Otra cosa han sido las formas y los costes, y el hecho de que - naturaleza humana - algunos de quienes desde los centros los criticaban ferozmente, al llegar a los ascensores de la Conselleria se transformaban y se deshacían en elogios y parabienes. ¡Lo que se hace por mantener un cargo!

Pero generalizar siempre es malo, y habría que entrar al detalle para comprobar si, en algunos casos, hubiera sido más rentable otro procedimiento y si se escogió el mejor camino. Personalmente, claro, defiendo siempre a los técnicos que no hacían más que cumplir consignas, y cuya voz tantas veces se anegó en personalismos, partidismos, triunfalismos y demás *ismos. Ahora, lo que hay que hacer es intentar aprovechar lo que se ha hecho, mejorar lo mejorable y encauzar todo el conocimiento que hay en ellos para el mejor servicio a los ciudadanos.

Pero al igual que en Medicina no todos son cirujanos-figura-mediáticos, sino que hay una amplia red de profesionales que, afortunadamente, velan por nuestra salud de forma diaria y callada, en Informática todos esos cojoproyectos no hubieran podido ponerse en marcha si no hubiera existido un background de informáticos, telecomunicaciones e instalaciones que han permitido que tales aplicaciones lleguen a funcionar en los diferentes puestos de trabajo. El cojoproyecto se lanza una vez, se paga mucho durante un tiempo y se lleva varias veces a distintos congresos donde se ponen las medallas los que no han trabajado en ellos. Pero tras el día a día hay mucho esfuerzo, muchos profesionales y  mucho trabajo, para conseguir que el usuario final se beneficie de ellos.

Y en el caso de la Administración, el usuario final es el ciudadano, que percibe la informática – como debe ser – como un instrumento de trabajo que facilita la labor del funcionario que le atiende. Cuando ese instrumento falla, y ve que el servidor de lo público (administrativo, facultativo, etc.) se queda sin herramienta, este ciudadano percibe que aquellos que le vendieron el cojoproyecto le han engañado.

Hay que hacer una lectura tremendamente real y práctica: Hay que mantener, día a día, la maquinaria en marcha. No se puede privar a los trabajadores, sea cual sea su nivel, de una herramienta necesaria de trabajo. Y cada cual percibe, desde cerca, qué le falla y cuando le falla. Es muy importante la cercanía, el acompañamiento sereno para aquellos que no dominan una herramienta y que se encuentran indefensos ante situaciones que no conocen.

Cuando empezaba todo, y como “informático-fundador” de la casa era conocido y consultado, siempre advertí que una cosa era probar esas maravillosas cojo-aplicaciones en un buen ordenador en la Consellería, con pocos pacientes de prueba y un tubo gordo de comunicaciones que utilizarlo en un centro de salud, con una máquina limitada, unas comunicaciones ajustadas y un montón de pacientes esperando. Opté por el “autoexilio”, mientras se embarcaban triunfadores y firmadores que aseguraban que todo aquello era viable técnicamente. El tiempo ha puesto la razón en su sitio, y hasta que no ha habido una infraestructura suficiente tanto de comunicaciones como de hardware, las cosas no han funcionado como toca. Los errores, en este caso, se han pagado con dinero de los ciudadanos y con muchas horas de estrés y de trabajo de los técnicos. Las medallas siguen en el pecho de quienes se las pusieron antes de hora.

De la misma forma que tenemos AVE a un montón de sitios, y por la que se invierte más tiempo e ir de Valencia a Bocairent que de Valencia a Madrid, por ejemplo, se han invertido sin problemas muchos fondos en tales cojoproyectos, pero en la informática del día a día no solamente se han escatimado fondos, sino plantillas, recursos y atenciones: Hay una amplísima red de trabajadores que utilizan día a día los ordenadores, y que ven natural que al arrancar estén disponibles los servidores, y que todo funcione armónicamente. Pero esto, que lleva detrás un trabajo denso y continuo, no se inaugura, ni aparece en las revistas, ni se lleva a los congresos. Quizás el problema esté en la relación esfuerzo-autobombo.

Esto no es fácil, ni funciona solo. Es comparable a quienes viajan plácidamente en un trasatlántico: Solamente se acuerdan de quienes están en las máquinas currando al calor de las calderas, sin ver el sol, cuando las máquinas fallan. Pero mientras tanto, el sol y la brisa marina son para los de cubierta. Por otra parte, también desde dentro de la profesión informática, para muchos ha sido mucho más atractivo pasar a ser “project-managers” que currantes del día a día. (Hay que ver en Linkedin, por ejemplo, la cantidad de honores que se pone la gente, algunos/as con muy benevolente imaginación) Cuando gestionas proyectos, llevas chaqueta y corbata y en función del presupuesto que manejas las empresas te quieren más o menos. Y puedes ir a los congresos y vender la moto que has comprado con el dinero de los ciudadanos y que están haciendo otros a través de una empresa que te cobra una cantidad inmensa por sus intermediaciones (director de proyecto, arquitecto de sistemas, ingeniero de sistemas, señor que mira, apuntador, etc. Total, que el que realmente curra se lleva un sueldo de miseria mientras la pasta se reparte en forma piramidal-inversa.)

No voy a decir que los grandes proyectos son malos, ni que lo sean sus participantes, entre los cuales hay grandes profesionales, amigos y compañeros, y empresas muy respetables. Pero sí que digo que hay que invertir más en las infraestructuras “de cercanías”. No vale eso de hacer para los usuarios cursos “de iniciación” y “avanzados” en los que se les explica cosas genéricas, y no cómo funciona su centro de trabajo, y luego ponerles frente a un tinglado mucho más complejo que el ordenador de casa. Hay que formar a la gente en el uso de las herramientas de red, de SU red. Hay que acostumbrar a los usuarios al uso de la red corporativa, de los portales colaborativos, de las nuevas tecnologías. Hay que conseguir poner en marcha los “grupos de mejora” ahora que – esperemos – ningún/a alto cargo salvaje nos lo prohíbe mientras dice eso de que “no hay que enseñar a los funcionarios, que luego nos ocultan información”. Hay que poner en marcha la Administración electrónica, de verdad, en cada puesto de trabajo. En definitiva, hay que aprovechar y enseñar a los trabajadores a aprovechar las herramientas que tenemos, para optimizar trabajos y para mejorar la administración. Y eso no se consigue contratando servicios de atención telefónica, ni empresas intermediarias: Eso se consigue consolidando una plantilla de informáticos con poca necesidad de aparentar y muchas ganas de trabajar (que los hay) que conozcan bien la casa, sus interacciones y la particularidad de cada uno de sus servicios y usuarios. Solamente así optimizaremos nuestro entorno y crearemos unas buenas pistas de despegue para que aquellos que quieren mantener, resucitar o replantear los grandes proyectos tengan donde ponerlos y que además funcionen.

La Informática, ya, es una infraestructura básica. Y si queremos construir una Administración moderna y eficiente que realmente sirva al ciudadano, tenemos que dotar a sus trabajadores de una herramienta eficiente y fiable. Ha pasado el tiempo de los escaparates y de los decorados. Tenemos que construir el futuro y para el futuro.

A mis compañeros de las trincheras

sábado, 11 de octubre de 2014

Nuestros hospitales

Un hospital es un organismo complejo, con una vida interior específica. Un hospital es un mundo que te atrapa. Y quizás, una de las organizaciones humanas con más sentido: Mejorar y cuidar la calidad de vida de los demás. 

Siempre me ha interesado la sanidad. Ya mis compañeros de karate eran en su mayoría médicos o aspirantes a ello. El director del Tatami Universitario, el Maestro Armando Barra, desparramaba su personalidad tanto en las artes marciales como en su función como médico deportivo. La jerga, la visión de las personas que aporta la medicina, y tantas otras cosas, ya fueron formando parte de mi cotidianeidad.

Conseguí hacer la mili como ambulanciero (ya os contaré cosas de aquella época), y eso me acercó más a la sanidad. Al final, acabé siendo informático, primero del Insalud, después de la naciente Consellería de Sanidad. He tenido ocasión de ver y vivir la historia de la misma, y sigo “enganchado”, pensando en todo lo que se puede mejorar y en que es muy diferente gestionar aplicaciones y sistemas informáticos cuando su destino final es cuidar a las personas y salvar vidas. Nunca me he planteado cambiar a otra Conselleria en pos de una mejora. He encontrado enormes profesionales, grandes personas y extraordinarios amigos, en todos los niveles de la misma. Y he ratificado que la calidad humana no va asociada a un título o un cargo, y ni mucho menos a unas siglas políticas: son las personas las que crean las organizaciones, y las etiquetas las que las dividen.

Aprovechando esto, quiero mencionar algo que es admirable y que la Generalitat Valenciana debía considerar de interés público: La capacidad de unos profesionales como los informáticos de sanidad que han sabido organizarse desde dentro creando AVISA, la Asociación Valenciana de Informáticos de Sanidad, desde donde no solamente defienden sus intereses profesionales, como es justo y necesario, sino que se preocupan por mejorar su formación, información y colaboración entre los distintos centros. Hay directivos de la Consellería que se han dado cuenta del valor de esto, haylos. Esperemos que prospere la Asociación y su ejemplo. Un abrazo para todos los colegas y para aquellos que hasta el presente han sabido (y logrado) dirigirla y promoverla.

Como os decía, un hospital es un organismo especial. Pero ahora quiero hablar de ellos no ya como profesional de ese mundo, aunque en un puesto más burocrático, sino como paciente:

Me admira el comportamiento de los visitantes, acompañantes y en algunos casos de los pacientes. Me explico:

Cuando se construyó La Fe (La antigua) recuerdo que para visitar a un familiar que tenías encamado se disponía de dos pases, y de un horario restringido. Había un “comercio negro” de pases, claro, como para todo en este país. Pero había una consciencia de que visitar a un enfermo era algo serio, y acompañar al mismo exigía un determinado comportamiento.

Luego aquello se suspendió. Me dijeron que si por cuestiones electorales, que si por mejorar el ambiente, o yo que sé cuántos “quesis”. El caso es que lo que ahora hay, en general, es un auténtico cachondeo, donde impera y se visualiza la falta de delicadeza de nuestra sociedad telecinquera y la falta de comportamiento cívico, esa asignatura que los obispos no quieren que nos enseñen, no vaya a ser que seamos conscientes de nuestros derechos.

Porque te toca una habitación, con otro u otros acompañantes. Si tienes suerte, como ha sido mi caso reciente, personas estupendas, racionales y educadas. Pero en otros casos y en otras habitaciones, ¿Qué ves? Pues visitas colectivas, televisiones a toda voz, comportamientos totalmente diferentes a lo que debe asociarse al descanso de los enfermos y al respeto al resto de las personas.

Porque tú estás enfermo, en una habitación con dos camas más, por ejemplo, como me pasó en otra operación. A la derecha tienes un anciano que está muy mal, y que se pasa la noche gritando, llamando a su familia. Pero su familia no aparece más que en tropel, entre ocho y nueve personas. Se sientan todas alrededor de y en la cama del abuelo, y se ponen a hablar a gritos y a comer pipas. Están un rato y se van, pasan del abuelo y de todos nosotros. Mientras, la televisión está a toda voz porque a la acompañante del enfermo de mi izquierda – yo estaba en el centro, evidente, justo delante de una televisión que no me apetecía ver – le gustan todos los programas de Antena 3, mire usted. Y no los culturales, precisamente. Y te tienes que tragar los gritos de unos y la televisión de otros, aunque tú estés bien jorobado y deseando poder descansar.

Luego está la intimidad: La marabunta no se corta aunque el enfermo de al lado se esté muriendo, aunque lo estén limpiando. El personal, en general, carece de delicadeza, que es un paso más allá de la mera educación. He visto habitaciones de recién paridas a las que acuden en visita familias enteras, y no veas la que montan. Pasillos por los que corretean papis y niños jugando a gritos y muchos otros desmanes que cualquiera que haya estado en las mismas circunstancias puede testimoniar.

Es tremendo el caso de la televisión. Es cierto que distrae, y a lo mejor los hospitales sacan dinero con lo que hacen pagar por poder verla, y que le hace al enfermo las horas más cortas. Pero según su estado y si ve lo que quiere. En una habitación con varios enfermos, solamente uno ve lo que le interesa, otro tiene que ver lo que no quiere y otro está intentando descansar sin que le dejen. Valdría para el caso de habitaciones individuales, pero en las plurales me parece una atrocidad. También he visto salas de espera con la televisión a toda castaña y los pacientes – normalmente doloridos y/o asustados – teniendo que tragarse los seriales de T5. Y no porque les gustaran a ellos, sino porque a alguien de la plantilla le gustaba pasar y verlo desde lejos.

O esa familia – lo tengo reciente – de clase evidentemente “bien”, y por tanto se supone que informada y formada – que lleva a uno de sus hijos a urgencias pero pasan a los boxes ¡con los cuatro niños y los dos padres! Saltándose ampliamente el cartel de “un solo acompañante por persona”, exponiendo a los niños a todo tipo de gérmenes de esas instalaciones y al resto de usuarios a los gritos, lloros y carreras de los pequeños entre las cortinas de los boxes. Hay veces que los ciudadanos estamos a la altura de nuestros ministros, lamentablemente.

Pues eso quería decir: Que hay que poner orden en todo eso: Que un hospital debe ser un centro de respeto y recuperación, no una feria. Y puesto que a la gente en general no le sale, deberían tomar medidas los responsables de los mismos. Vale que no es popular, vale que quita votos. Pero alguien tiene que empezar a defender el sentido común, y es más obligación de quien más poder tiene para hacerlo.

Y si estáis de acuerdo, lo compartís, oigan. Porque sanidad no es sólo lo sale en la tele, es lo que le pasa todos los días a muchos millones de ciudadanos.

Salud, y buen gobierno.

martes, 7 de octubre de 2014

Desconexión temporal por reparaciones

Queridos todos:

He recibido tantas muestras de apoyo que considero procedente una explicación general, a la que remitir a todos aquellos que os interesáis por mi estado, que afortunadamente es estupendo, excepto algunas reparaciones pendientes que os voy a detallar:

Allá por 1992, en pleno proceso de oposiciones para poder consolidar mi plaza en la Generalitat Valenciana (yo venía del Insalud, interino perenne hasta esa convocatoria), me rompí el pie derecho cruzando la vía del “trenet” (entonces no había tranvías, jóvenes míos). Tras muchos años de Artes Marciales, consideré aquello una tontería hasta que, cuando tenía el pie hinchado, me acerqué a urgencias, donde me hicieron una escayola “de becario”, como diría después algún facultativo experto.
Pasado el tiempo y abierta la escayola, bien por la tardanza o por la misma, el pie recuperado no era tal, sino un amasijo de huesos necrosados y deformidades, que entre otras cosas condicionó mi calzado y mi caminar en el futuro.

Eso no impidió los Caminos de Santiago, las marchas montañeras y muchas sesiones de Aikido y Kung-fu. Pero está claro que el cuerpo tiende a corregir deformaciones, y el andar mal hizo que mis rodillas y mis caderas fueran degenerando, como bien mi predijeron mis compañeros de la Consellería expertos en el tema. Pero… ¿qué iba a hacer? ¿Pararme? ¿Dejar de caminar a Santiago?... No estaba en el programa.

Vivir, ser libre, andar, cuesta. Tiene sus hipotecas. Pues vale. Es evidente que cada uno gasta más aquello que más le gusta usar (atengámonos al tema y no entremos en disquisiciones que no proceden aquí). Así es que como karateka, aikidoka, kungfuteka, caminante  y montañero uno ha ido utilizando su aparato locomotor hasta que se ha gastado, mire usted, pura resistencia de materiales.

Total, que primero fue el menisco (2001), luego la prótesis de cadera  izquierda (2006) (Sobre ella podéis ver esta entrada del blog), y ahora me toca completar todo el tren de aterrizaje, porque el estado de mis articulaciones es tal que ya cualquier paso es doloroso, y un paseo es imposible.

Así que ahora viene la prótesis de la rodilla izquierda. Así completo un lado totalmente protésico, y 
se puede abordar posteriormente la cadera derecha y la rodilla derecha. Ello no solucionará el problema principal: El pie derecho hecho polvo, origen de todos mis males. Pero facilitará mi locomoción para una calidad de vida normal, Es una inversión de la Seguridad social para no incurrir en mayores costes de mantenimiento por inutilidad (Hablamos de la locomoción, entiéndase).

Afortunadamente, aún disponemos de una sanidad pública extraordinaria, que a poco inteligentes que fuéramos deberíamos esforzarnos en defender y conservar a toda costa. También afortunadamente las técnicas quirúrgicas han evolucionado maravillosamente y cómo podéis ver en los vídeos que os enlazo no es más que una delicada operación de carpintería.

Por mi parte, confío totalmente en los profesionales encargados de estas cosas, y me felicito por estar en una sociedad en la que estas dolencias tienen reparación. Tenemos que apoyar que el alcance de estas coberturas se extienda, y no se reduzca. Cuando las ideologías están tan discutidas, el derecho a la salud, a la educación y a una vida digna no tienen que ser patrimonio de unas siglas, y menos negocio para otras.

Pues eso, mañana 7 a partir de las 7 mi rodilla será una de esas que abren en el vídeo. Ya os contaré la operación desde dentro.

Gracias a todos por vuestro interés y apoyo. Otro día cualquiera de vosotros o de vuestros familiares puede precisar ser paciente de nuestro sistema de salud. Defendedlo desde ya. Tenemos profesionales excelentes, equipos excelentes y conocimientos excelentes. Como dice el Cantar del Mio Cid: “¡Qué buen vasallo si tuviera buen señor!”

Busquemos que el señor sea el pueblo, pero un pueblo bien dirigido.