sábado, 10 de octubre de 2026

Historias del Camino: Un caminante con un Shakuhachi

Buenas noches. Recopilo y repaso las historias que a lo largo de más de 20 años he ido escribiendo sin duda influenciado por mi adicción por Galicia y mis recorridos por los Caminos de Santiago y de Finisterre. Galicia es mágica, sin duda, y las vivencias en ella nos dejan un recuerdo imborrable.

Camino de Santiago a Finisterre, octubre de 2003. Un joven italiano camina junto a nosotros con una flauta y un perro (¿eso que los pijos llaman ahora "perroflautas"?), intentando sacar algún sonido más o menos armónico de su instrumento. Le condenamos a la soledad durante el camino, pues preferimos oír cualquier otra cosa. El hombre sigue, absorto en su búsqueda.

Komusō (monje de la nada o del vacío), 
monje mendicante de la secta Fuke del budismo zen en Japón.

Llega la noche. Es húmeda y muy fría. En el prado que hay fuera del albergue nuestro amigo sigue soplando en su flauta. Hemos cenado con su "música" e intento sustraerme al deseo general de callarle a pedradas. Me acerco, y me siento un rato junto a él. Entonces veo que su flauta es un Shakuhachi. Le pregunto. No tiene ni idea, se la ha encontrado, y desde entonces está maravillado con su sonido (o lo que puede sacar de ella). No sabe lo que es el Zen, no sabe nada de la cultura japonesa. Pero hace el Camino con su perro y con su flauta, empezamos bien.

Empiezo a contarle cosas: Le hablo del Budo, del budismo Zen. Se engancha. Acabo hablándole de Akira Kurosawa, porque a través de algunas de sus películas puede acercarse al entorno que generó su instrumento exótico. En cuanto pueda, las buscará.

Hablando he conseguido alejarle del albergue. Los otros peregrinos me lo agradecerán, porque es ya la hora de dormir. Llegamos a un prado estupendo, hay una luna preciosa, estamos entre montañas. Huele a hierba húmeda. Y allí el nuevo monje flautista se queda con su flauta, envuelto en su poncho, en esa mezcla de meditación y música que se consigue con un Shakuhashi. Si supiera tocar ya sería estupendo.

Un joven con cresta y poncho, una flauta (un Shakuhachi, distingamos) y un perro. ¡Cuanta sensibilidad!. Y cuanto necio meapilas y bienpensante puebla nuestra encorbatada sociedad, que clasifica y prejuzga a las personas sin sentarse con ellas a ver la luna, oler la hierba e intentar sacar sonido de una flauta que alguien trajo desde Japón para perderla en el Camino de Santiago y que se la encontrara este bendito. Nos hacen falta más tocadores de Shakuhachi y menos tocadores de otras cosas, eso es lo que nos pasa.

Os recomiendo, por ejemplo, la música de Katsuya Yokoyama. Es música para meditar, para relajarnos, para acercarnos a otras culturas con otros valores.

Observad a los músicos de la orquesta:

Yokoyama Katsuya - San'an - One of his last live performances

Y otros vídeos ilustrativos . Otro día hablaremos del koto.

Meditación con Shakuhachi - Flauta Japonesa Zen

Ghost of Tsushima The Suns Warm Embrace Shakuhachi Cover

Yugure - Shakuhachi Meditation Music 尺八 | Adrian Freedman | Calm Peaceful Flute

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