Los derechos fundamentales de todo ser humano (La sanidad, la educación, la justicia, el derecho a una vivienda digna, a sacar adelante a una familia, a aspirar a una justicia real, accesible y gratuita...), nunca deberían ser objeto de negocio, especulación o privatización. Si un gobierno gestiona mal, cámbiese el gobierno. Pero que no se utilice la rentabilidad como argumento para el saqueo de los bienes públicos. Los derechos no tienen precio, ni son negociables.


viernes, 12 de junio de 2015

ORGANIZACIÓN, INFORMÁTICA Y POLÍTICA

Uno, que entró en la Generalitat Valenciana prácticamente cuando la estaban poniendo, proveniente de la Informática del entonces Insalud y previamente de distintas multinacionales, y que ha visto nacer y evolucionar la informática en la misma, no puede evitar un cierto escepticismo ante los diferentes cambios de poder – y este que viene es notable – y, con muchos trienios y casi acariciando la jubilación, cree casi obligatorio exponer estas reflexiones, a ver si  alguien con posibilidad de actuación se las lee y compartiendo el tema, piense que vale la pena tenerlas en cuenta y hacer algo al respecto.

En la primera empresa de informática en la que empecé, allá por 1975, ya  me enseñaron una máxima inglesa que, traducida de forma contundente, dice que “Cuando se informatiza una mierda, lo más que se obtiene es una mierda informatizada”. Quiere esto decir que, si no tenemos un proceso organizado, optimizado y probado, es absurdo invertir en poner ordenadores y hacer aplicaciones porque lo más que se va a obtener es que esa informatización evidencie el caos de forma más rápida y contundente.

Cuando comenzó la Generalitat socialista, con la ilusión de aquellos momentos de hacer las cosas con proyección de futuro y la creencia de que se podía y debía actualizar los procesos administrativos con una visión ambiciosa, global y de amplio recorrido, se creó la “Dirección General de Organización y Sistemas de Información”, (De la que al parecer todavía queda algún superviviente perfilándose en el horizonte, cual Ave Fenix, que conociéndole sabemos que no confundirá la incombustibilidad con la infabilidad) con la intención, dentro del más sensato sentido común, de que antes de los procesos de informatización fueran los de organización. Y detrás había una voluntad de las jerarquías administrativas que controlaban tales procesos. O debía haber, puesto que tan brillante idea se disolvió en el marasmo de las inercias de una burocracia digamos perezosa y los manejos de quienes no querían ceder parte de su poder ni evidenciar su práctico desconocimiento de aquellos procesos que supuestamente debían manejar, o su incapacidad para poner orden y concierto entre sus subordinados, o la sumisión a determinados intereses que medran mejor en el descontrol.

Durante estos años hemos visto cómo la evolución informática ha estado sujeta a vaivenes políticos. Demasiado sujeta. Y dependiendo demasiado de los antojos y deseos de venta de grandes proyectos que, sin llegar a decir que fueran innecesarios, a lo mejor debían de haber sido planteados de otra forma para beneficiar más y mejor a la propia Administración y menos a los intereses de partidos, personajillos y no digo ya empresas con las que se tiene algún compromiso. Eso no lo voy a decir.

La Informática es una infraestructura. Lo que hace años era una “modernización” ahora es una necesidad. Y hay que crear las redes de comunicaciones, bases de datos, flujos de los mismos, etc., con una visión de futuro y, por decirlo así, de Estado. Es aberrante que servicios que hacen lo mismo tengan distintas aplicaciones informáticas, por ejemplo.

Imaginemos que se decide hacer un Ave hasta la ciudad X (evidentemente, saliendo de Madrid, que aquí todo empieza y acaba en Madrid). Y que a la mitad de camino, cuando están ya las vías puestas, se decide que vaya por otro sitio. Y se tiran las vías, las obras y las horas de trabajo de un montón de personas. O que cuando está hecho, el alcalde de X decide que no se use, que es una cosa que decidió el alcalde anterior, que era de otro partido o, lo que es peor, del suyo propio. O que los usuarios deciden que no les gusta el color del tren, y que se lo cambien porque si no no lo usan.

Pues cosas como esa hemos visto todos los informáticos, seguro. Inversiones millonarias en contratos de empresas y/o horas de trabajo de los técnicos de la casa (el importe de estas nunca se tiene en cuenta, parece que nadie las pague) que se van al traste porque cambian el director general, el jefe de servicio o porque determinados usuarios “potentes” deciden que no van a usar ese programa, que van a seguir como antes, por la razón que sea (inercias, que se visualicen cosas que no les interesan, o quizás el mismo color de la pantalla, oigan, que hay gente que alega cualquier cosa).

Terrible es cuando llega el momento de reorganizar las consellerías, para repartir de otra forma el poder o para recolocar a algún paracaidista. El corta-pega de servicios, la invención de nombres altisonantes para describir que se hace lo mismo, o para tapar que no se sabe lo que se hace, ocasionan la pérdida, además de una suma considerable en membretes, traslados y compra de muebles nuevos (cuanto más incompetente es el político, más caros necesita los muebles, ¿os habéis fijado?) en aplicaciones informáticas que van a dejar de usarse por alguna buena razón. Y se vuelve a lo que se quería evitar: Duplicar datos, complicar procesos y multiplicar costes. Todo por la desorganización o, lo que es peor, la subordinación de la organización a las veleidades de un partido en el poder sin más programa que la supervivencia y la apariencia.

Luego está el papanatismo modernero, que viene cuando el responsable de turno quiere ser tan moderno como sus colegas de otras administraciones, viene de algún congreso en el que no se ha enterado de nada, o se ha enterado mal y se le indigesta, o ha recibido una sobredosis de información interesada de los interesados comerciales de alguna multinacional (es su trabajo) que quieren venderle muy caro lo mismo que ya se está haciendo pero que este pavo no se ha enterado.

El problema de la informática es que permite y justifica el trasiego de mucho dinero, permite los anuncios rimbombantes porque eso de las “nuevas tecnologías” sigue vendiendo en prensa y tele y permita hacer creer que se está avanzando en algo cuando lo único que se está haciendo es untar con tecnología procesos aberrantes, cosas que se están haciendo mal por no sentarse a organizar antes.

Hay que parar esto. Hay que desparramar sentido común, juntar a pensar a todo el mundo y planificar lo que se está haciendo no para que el partido o el dirigente X salga del paso, sino para que toda nuestra sociedad salga del atraso real y de la ineficiencia organizativa. No somos mejores porque tenemos las consultas médicas informatizadas cuando el médico tiene que ver a demasiados pacientes en cada intervalo horario programado en el ordenador, o cuando tardamos demasiado tiempo en operar a un paciente por mucho que su historia clínica se pueda ver en París por Internet.  O cuando vendemos que estamos preparando la administración electrónica y determinados departamentos claves para la tramitación de expedientes no reconocen la firma electrónica y siguen pidiendo el papelito con la rúbrica. O cuando se piden repetidamente a proveedores y/o particulares documentos de los que ya dispone la Administración. O cuando se paran proyectos informáticos a medio hacer porque “El President” ha dado orden de cortar gastos y aquí quien más corta es quien más se luce, y se tiran a la basura recursos y presupuestos empleados en proyectos que se quedan a medias. O cuando lo que mola es inaugurar y no se tiene presente que cada proyecto que se inaugura implica dedicación permanente de recursos para su mantenimiento correctivo o evolutivo. Hay que mirar muy corto para decir que una aplicación se termina y ya está, en una administración en constante evolución y en constante generación normativa. Lo que se hace, hay que mantenerlo. Y eso va exigiendo el incremento de una estructura dedicada.

Y que no nos vengan ahora con consultorías externas, cursos de normativas y otras zarandajas. Tenemos excelentes profesionales, excelentemente preparados y excelentemente conocedores de nuestra Administración, como para no tener que caer en la trampa de que vengan unos enchaquetados a precio de oro a cobrarnos a precio de oro el Powerpoint con lo que les hemos contado, para que nos digan que tenemos que acabar contratándoles el desarrollo de un proyecto que nos van a cobrar porque se lo contemos, y luego una pasta por mantenerlo.

Hay que adecuar nuestra estructura a nuestras realidades, ya que si hacemos lo contrario generaremos el caos. Es mentira eso de que no creamos plazas para ahorrar en capítulo I (Personal) (En algunas consellerías, por ejemplo, Sanidad, ni más ni menos, la carencia de informáticos de plantilla es apabullante en proporción a la carga de trabajo) cuando se ha de echar mano, para hacer y mantener los mismos proyectos que exige en funcionamiento el mismo político que restringe la plantilla, de contratos externos mediante capítulo II (gastos) o capítulo VI (Inversiones).

Por todo esto, y por muchas cosas más que sin duda me dejo, es necesario un pacto de futuro entre las diferentes fuerzas políticas. Y quisiera creer que es más fácil entre partidos progresistas, pero al final la experiencia me ha demostrado que siempre está el riesgo del amiguete “Que sabe mucha informática” (aunque no sea su profesión), o el compromiso del partido, o el que nos impone el sindicato. Vivimos en una época en la que cualquiera que tiene una Play en casa, o que sabe usar el Office, se cree que sabe Informática y sus amigos piensan que pueden dirigir un departamento. Pongamos profesionales de verdad, oiga. Y no miremos el partido, puesto que los españoles vamos teniendo muy claro que la calidad de las personas y la eficiencia de los profesionales ya no dependen de la etiqueta. Que ya no valga eso de poner a la/el impresentable prepotente porque está avalada/o por una/un directora/or general/o con fuerza en ese momento, (esto de la corrección político-sexual es un lio), o porque nos ha servido fielmente a los intereses de espectáculo político, o cualquier otro de esos “méritos” con los que lamentablemente hemos visto justificar las peores decisiones.

La Informática, los Sistemas de Información en general, para ser precisos, son una infraestructura necesaria. No deben estar sometidos a la política, y mucho menos a la politiquería. Y no sirven si previamente no se han organizado, optimizado, racionalizado, etc. los procesos administrativos.

Creemos una Administración ligera, útil y eficiente. Dediquemos unos esfuerzos previos a saber qué se hace, mejorarlo y definir los cauces y procedimientos de una administración moderna, al servicio del ciudadano y socialmente comprometida. Pero esto no es tarea de los informáticos, nosotros vendremos después, cuando todo esto esté hecho, para hacer las herramientas que faciliten las tareas ya definidas. Esto es tarea de los responsables de los procesos administrativos, desde el primero hasta el último. De los legisladores, que adapten la normativa al respecto, y de los ejecutivos, para que no permitan que indolencia, inercias y/o intereses minen tanto esfuerzo.

Aquí notaremos si tenemos un gobierno de futuro o un gobierno de partido. Si se piensa en el pueblo y en el interés común o en el ombligo de partidos o personas.

Y termino con un sincero homenaje a mis compañeras y compañeros, a los que mantienen en pie día a día este tinglado que permite que funcione una administración y una sociedad que, ya, precisa del soporte informático para poder funcionar. Recurriendo al verso 20 del Cantar del Mio Cid: "Dios, que buen vassalo si ouiesse buen sennor!"

1 comentario:

Emilio Esquerdo Fortea dijo...

Hola, Ángel!
Enhorabuena por tu blog.
Saludos, eef.