Los derechos fundamentales de todo ser humano (La sanidad, la educación, la justicia, el derecho a una vivienda digna, a sacar adelante a una familia, a aspirar a una justicia real, accesible y gratuita...), nunca deberían ser objeto de negocio, especulación o privatización. Si un gobierno gestiona mal, cámbiese el gobierno. Pero que no se utilice la rentabilidad como argumento para el saqueo de los bienes públicos. Los derechos no tienen precio, ni son negociables.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Unidad no es uniformidad

Para entender la historia de España hay que recorrer Castilla, sus pequeñas ciudades, sus pueblos, sus paisajes, y sus castillos. Como amante de la historia, y como persona con antecesores muy castellanos, no puedo dejar de amar esa tierra, ese carácter y esa épica que todavía recorre sus rincones.

Pero España no es solamente Castilla, y de aquí parece que nos vienen históricamente muchos problemas. Hay gente, castellanos y no castellanos, que siguen en la España Imperial de la espada y de la cruz, que tiene sobre ellos el peso de las tremendas iglesias, de las vigilantes torres, el toque de las campanas y la memoria de las gestas históricas. Y piensan que para ser buen español hay que ser como los castellanos, hablar como los castellanos y creer en las mismas cosas que creen los castellanos. O que se cree en Castilla, pues muchos hay que, habiendo nacido en otras regiones y acabado en Madrid por cuestiones personales, acaban viendo las cosas de la manera imperante. Y piensan que la auténtica España es la de la Cibeles o la de Neptuno, según qué equipo de fútbol gane. De Madrid, claro.


Perdura aún, o parece, la huella de aquellos libros de historia de nuestra infancia en los que se gestaban las glorias de los españoles, pero se ignoraba la historia del Reino de Aragón, o la de cualquier otro reino que acabó fundido y confundido por las élites gobernantes en aquello que fueron "Las Españas" y acabó siendo "España", por muchos años propiedad de una monarquía y/o de una minoría que negociaba con ella y a costa de ella (¿Por qué hablo en pasado?).

Me parece muy respetable que haya personas que se emocionan con su bandera o con su himno, pero me parece muy peligroso que con esas envolturas se pretenda obligar a otros a sentir lo mismo, o a sentirlo de la misma manera. Un gallego, un vasco, un catalán, un valenciano, un andaluz, son tan españoles como cualquier otro. Y pueden ser muy españoles sintiéndose muy gallegos, o muy catalanes, o muy valencianos... Evidentemente, si a alguien le obligan a renunciar a su lengua, sus leyes y sus costumbres, no resulta muy invitado a sentir cariño por la "Patria" que se lo quita, y más si esto es por una derrota militar. (Ver: Decretos de Nueva Planta)

Existió, por ejemplo, un Reino de Valencia (los derechones que tanto defienden la banderita azul no se acuerdan de estas cosas, porque la derecha valenciana ha mirado siempre a Madrid, de ahí la diferencia sociológica con Cataluña) para el cual, junto con los otros territorios conquistados, Felipe V decreta lo siguiente el 29 de Junio de 1707: (De Wikipedia)

"He juzgado por conveniente, así por esto, como por mi deseo de reducir todos mis Reinos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y tribunales, gobernándose igualmente todos por las leyes de Castilla, tan loables y plausibles en todo el universo, abolir y derogar enteramente como desde luego doy por abolidos y derogados todos los referidos fueros, privilegios, prácticas y costumbres hasta aquí observadas en los referidos reinos de Aragón y Valencia, siendo mi voluntad que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y ha tenido en sus tribunales, sin diferencia alguna en nada, pudiendo obtener por esta razón igualmente mis fidelísimos vasallos castellanos oficios y empleos en Aragón y Valencia, de la misma manera que los aragoneses y valencianos han de poder en adelante gozarlos en Castilla, sin ninguna distinción; facilitando Yo por este medio a los castellanos motivos para que acrediten de nuevo los afectos de mi gratitud, dispensando en ellos los mayores premios y gracias tan merecidas de su experimentada y acrisolada fidelidad, y dando a los aragoneses y valencianos recíprocas e igualmente mayores pruebas de mi benignidad, habilitándolos para lo que no están en medio de la gran libertad de los fueros que gozaban antes y ahora quedan abolidos."

Es decir, que además nos hacía un favor, el chaval, después de saquear y quemar unas cuantas ciudades y matar a bastante gente.

Retrato de Felipe V en Xátiva
Guerra de Sucesión en Valencia
Guerra de Sucesión en Cataluña
Resultando que por orden de un monarca francés, nieto de Luis XIV, absolutista total, los vencidos han de pasar a ser como los castellanos, que le habían ayudado. La suerte de las armas hizo que no hubiera sido al revés y, miren ustedes, los toledanos o los madrileños no estén ahora hablando catalán o plantando fallas. Entonces... ¿Qué milonga de España Eterna nos venden los medios oficiales? ¿Se cree la gente de verdad que con Los Reyes Católicos todo el territorio se uniformizó y se hizo feliz? El problema no es que la gente no lea, sino lo que se le da para leer lo poco que lee, o  para ver por televisión. Se escandalizan muchos de que los planes de enseñanza de los niños catalanes han llevado al odio a España y al sentir independentista. Y lo hacen los que se criaron con los libros del franquismo y las glorias de la raza.

¿Estoy defendiendo el independentismo? No, oigan. Estoy denunciando el paletismo, el desprecio, por ejemplo, que mucha gente en España tiene a los otros idiomas oficiales que no son el castellano, y que desde su miopía tratan como "dialectos" o "un español mal hablado". Y eso es que en el  fondo los rescoldos franquistas quedan. Y no vamos a hablar de que la Guerra Civil fue otra "reconquista" militar de Cataluña y de Valencia, con el resultado de la total prohibición de la lengua y la expresión en ella, (entre otras cosas) excepto para "cosas floclóricas".

Un estudio de la historia nos lleva a relativizar las pasiones. Y no hay que olvidar que las "Patrias" actualmente europeas son ni más ni menos que los territorios de una dinastía o dinastías reinantes. Poco tuvieron que ver los pueblos con la definición de sus límites, y durante muchos siglos unos han tenido que matar a otros según a qué lado de la raya habían quedado en aquel reparto. Mas aún: durante la Guerra Civil mucha gente no pudo elegir bando, todo dependió si en su zona había triunfado la rebelión o no. Por tanto, habrá que pensárselo mucho antes de  envolverse en una bandera para dar mamporros al otro y obligarle a reverenciarla. Cualquiera que sea.

Durante muchos años, muchos lo hemos vivido, Guinea Española y El Sahara fueron "parte del territorio patrio". Y en un momento determinado de la historia, sin haber ni siquiera una constitución que cambiar, esos sacrosantos territorios de la Patria (con los que negociaban prohombres del régimen, todo hay que decirlo) pasaron a otros tiranos. Y aquí, todos disimulando aunque muchas personas que hasta entonces eran españoles las estaban pasando canutas. Algún legionario lleva todavía el dolor de aquel abandono.

Otro tema para pensar es cómo se asocia el concepto de España a la distribución de la propiedad, o a los parámetros sociológicos de la "región". Podemos pensar que allá donde perduró el latifundismo y más potente se hizo el dominio de la iglesia y las aristocracias locales más queda ahora una misma idea. Os invito a pensar en ello, para no hacerlo muy largo.

Conclusión: Si de verdad queremos conservar España, toda España, habrá que separar unidad de uniformidad. Habrá que aceptar distintas formas de ser español, que las hay. Y sin separaciones ni radicalismos ni sinvergüenzas que pretendan ocultar sus corrupciones entre banderas.

1 comentario:

Pepe dijo...

Excelente entrada y muy oportuna...